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Masaje cardiaco: la técnica que salva una vida

Redactado por Cyrille GAGNAIRE, France Défibrillateur. Publicado el 25 de agosto de 2026.

El masaje cardiaco es el gesto que mantiene una circulación mínima hacia el cerebro cuando el corazón deja de latir. En Francia se producen cada año unos 50.000 paros cardiacos, la mayoría fuera del hospital, y cada minuto sin reanimación reduce las posibilidades de supervivencia en torno a un 10 por ciento. Bien realizado, este gesto sencillo, que se aprende en pocas horas, puede cambiar el desenlace incluso antes de que lleguen los servicios de emergencia o un desfibrilador. Así se practica correctamente, solo o mientras se espera el aparato.

Por qué este gesto importa antes de que llegue ayuda

Cuando un corazón se detiene, la sangre deja de circular y el cerebro empieza a carecer de oxígeno en pocos minutos. Las compresiones torácicas no sustituyen al corazón, pero mantienen un flujo sanguíneo suficiente para retrasar el daño cerebral. Ese tiempo ganado, minuto a minuto, es lo que permite a los servicios de emergencia o a un desfibrilador externo automatizado (DEA) intervenir con más posibilidades de éxito. Una persona que comprime el pecho mientras espera ayuda no sustituye a un equipo médico, pero cumple en ese instante un papel que nadie más puede desempeñar.

Reconocer el paro cardiaco antes de empezar

Antes de iniciar el masaje, hay que asegurarse de que la situación lo requiere. Una persona en paro cardiaco no responde cuando se le habla o se la toca, y no respira con normalidad, o directamente no respira. Unas respiraciones irregulares y ruidosas en los primeros segundos no deben retrasar la actuación, esa señal engañosa suele acompañar el inicio del paro. El reflejo a seguir es sencillo. Alertar de inmediato a los servicios de emergencia, hacer que alguien busque un desfibrilador si el lugar dispone de uno, y empezar las compresiones sin esperar una confirmación médica que no llegará a tiempo.

Dónde colocar las manos y cómo presionar

La víctima debe estar tumbada boca arriba, sobre una superficie firme. El reanimador coloca el talón de una mano en el centro del pecho, en la mitad inferior del esternón, y pone la otra mano encima entrelazando los dedos. Los brazos permanecen extendidos, los hombros justo encima de las manos, para aprovechar el peso del cuerpo y no solo la fuerza de los brazos.

La presión debe ser firme y constante, con una relajación completa entre dos compresiones para que la caja torácica recupere su forma. Un masaje demasiado suave, por miedo a hacer daño a la víctima, pierde gran parte de su eficacia. Las fracturas de costillas son posibles pero se curan, a diferencia del daño cerebral que provoca un masaje insuficiente. El ritmo debe mantenerse constante y sostenido, sin pausas innecesarias, hasta que los servicios de emergencia tomen el relevo o el reanimador quede agotado.

Los errores que reducen la eficacia de las compresiones

Algunos hábitos limitan el efecto del masaje sin que el reanimador se dé cuenta. Interrumpir las compresiones con demasiada frecuencia para comprobar la respiración o el pulso hace que la presión arterial caiga en cada pausa. Presionar con poca fuerza, colocar mal las manos o dejar que el torso se hunda al final del esfuerzo también reduce la cantidad de sangre impulsada en cada compresión. El cansancio aparece rápido, a menudo antes de que el reanimador lo note, por lo que conviene turnarse con otra persona cada dos minutos aproximadamente cuando sea posible, sin interrumpir el gesto más del tiempo necesario para el cambio.

Continuar el masaje al disponer de un desfibrilador

El masaje cardiaco y el desfibrilador externo automatizado (DEA) se complementan, no se excluyen. En cuanto llega el aparato, hay que encenderlo y seguir las instrucciones de voz mientras se continúan las compresiones, que solo se detienen el tiempo necesario para colocar los electrodos y dejar que el aparato analice el ritmo cardiaco. Si se recomienda una descarga, el aparato lo indica con claridad y nadie debe tocar a la víctima durante el análisis o la descarga. Las compresiones se reanudan de inmediato después, siguiendo las indicaciones del aparato, hasta que los servicios de emergencia profesionales tomen el relevo.

Adaptar el gesto en niños y mujeres embarazadas

La técnica se adapta a la víctima. En un niño, a menudo basta con una sola mano para comprimir el tórax con la profundidad adecuada, según su complexión. En un bebé, dos dedos colocados en el centro del pecho sustituyen a la palma de la mano. En una mujer embarazada, el masaje se realiza de la misma forma, inclinándola ligeramente hacia el lado izquierdo si hay varios reanimadores presentes, para reducir la presión sobre los vasos abdominales. En todos los casos el principio es el mismo, presionar fuerte y rápido, sin esperar una situación ideal que no llegará.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo hay que mantener el masaje antes de que llegue ayuda?

Las compresiones continúan sin interrupciones prolongadas hasta que los servicios de emergencia profesionales toman el relevo, o hasta que un desfibrilador externo automatizado recomienda y aplica una descarga. Si hay varias personas presentes, turnarse ayuda a mantener un ritmo eficaz durante más tiempo. Un reanimador solo y agotado debe seguir como pueda en lugar de detenerse por completo, porque cada compresión cuenta.

¿Se puede lesionar a la víctima al presionar demasiado fuerte?

Las fracturas de costillas o del esternón son posibles, sobre todo en personas mayores, pero se curan y no ponen en riesgo la vida. Un masaje demasiado débil, en cambio, priva al cerebro de oxígeno durante más tiempo y reduce claramente las posibilidades de supervivencia. Ante un paro cardiaco confirmado, la firmeza del gesto siempre prevalece sobre el miedo a causar daño.

¿Hace falta formación para practicar el masaje cardiaco?

No se exige ninguna cualificación para actuar ante un paro cardiaco, y el gesto básico sigue siendo accesible sin formación previa. Una sensibilización de pocas horas mejora, no obstante, la rapidez para reconocer el paro cardiaco, la calidad de la colocación de las manos y la soltura para usar un desfibrilador. Muchas organizaciones ofrecen esta formación a sus equipos para reforzar la cadena de supervivencia en sus instalaciones.

¿Hay que detener el masaje cuando llega el desfibrilador?

No, las compresiones continúan mientras se instala y enciende el aparato. Solo se pausan el tiempo necesario para colocar los electrodos y dejar que el desfibrilador analice el ritmo cardiaco, una fase durante la cual nadie debe tocar a la víctima. En cuanto termina el análisis, el masaje se reanuda siguiendo las indicaciones de voz del aparato, se aplique o no una descarga.

¿Puede bastar el masaje solo, sin desfibrilador?

El masaje cardiaco mantiene una circulación mínima pero, por sí solo, no restablece un ritmo cardiaco normal en la mayoría de los paros cardiacos de origen cardiaco. El desfibrilador sigue siendo el único gesto capaz de corregir ciertos ritmos caóticos del corazón. Ambas acciones se complementan, el masaje gana tiempo, el aparato trata la causa cuando el ritmo lo permite.

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