Infarto o paro cardiaco: diferencias clave y gestos que salvan
Redactado por Cyrille GAGNAIRE, France Défibrillateur. Publicado el 29 de agosto de 2026.

Infarto y paro cardiaco se usan a menudo como si fueran la misma urgencia. Sin embargo, son dos situaciones distintas, con signos y respuestas diferentes. Un infarto afecta el riego sanguíneo del corazón mientras este sigue latiendo, mientras que un paro cardiaco interrumpe por completo su actividad eléctrica. Francia registra alrededor de 50.000 paros cardiacos al año, lo que hace indispensable saber reconocer cada situación y actuar con rapidez.
Dos urgencias cardiacas, dos mecanismos diferentes
El infarto de miocardio ocurre cuando una arteria coronaria se obstruye, generalmente por un coágulo que se forma sobre una placa de grasa. El músculo cardiaco sigue contrayéndose, pero parte de sus células deja de recibir oxígeno y comienza a sufrir. La persona permanece consciente, respira y conserva el pulso, aunque el dolor pueda ser intenso.
El paro cardiaco, o más precisamente el paro cardiorrespiratorio, corresponde a una interrupción brusca de la actividad eléctrica del corazón, casi siempre una fibrilación ventricular. El corazón deja de bombear sangre, la persona pierde el conocimiento en cuestión de segundos y deja de respirar con normalidad. Sin intervención inmediata, las lesiones cerebrales aparecen en pocos minutos.
Los signos que deben alertar
Los signos de un infarto suelen instalarse de forma progresiva: dolor opresivo en el centro del pecho, que puede irradiar hacia el brazo izquierdo, la mandíbula o la espalda, junto con sudoración, náuseas o dificultad para respirar. La persona permanece despierta y puede describir lo que siente. El paro cardiaco, en cambio, se manifiesta con una pérdida de conocimiento súbita: la persona se desploma, deja de responder y no respira con normalidad, o respira de forma entrecortada con largas pausas entre respiraciones.
Ante la duda, lo más seguro es actuar como si se tratara de un paro cardiaco: comprobar la consciencia hablando en voz alta y tocando los hombros, observar el pecho unos segundos para controlar la respiración, y llamar de inmediato a los servicios de emergencia si la persona no responde o respira de forma anormal.
| Signo | Infarto | Paro cardiaco |
|---|---|---|
| Consciencia | Conservada | Perdida en segundos |
| Respiración | Presente, a veces corta | Ausente o anormal |
| Pulso | Presente | Ausente |
| Dolor | A menudo opresivo y torácico | Ausente, la persona ya no reacciona |
| Evolución | Progresiva durante varios minutos | Brusca e inmediata |
Por qué se confunden ambas situaciones
La confusión se debe en gran parte a que un infarto puede evolucionar hacia un paro cardiaco. La falta de oxígeno en el músculo cardiaco desestabiliza su actividad eléctrica y puede desencadenar una fibrilación ventricular en cualquier momento, incluso en los minutos posteriores a los primeros síntomas. Un infarto mal atendido se convierte así en una de las principales causas de paro cardiaco en adultos.
Este cambio explica por qué la vigilancia sigue siendo necesaria incluso cuando la persona parece estable tras los primeros signos. Un testigo nunca debe alejarse de alguien que acaba de describir un dolor torácico mientras espera la llegada de los servicios de emergencia, ya que su estado puede empeorar muy rápido.
Los gestos que hay que adoptar en cada situación
Ante signos de infarto, la prioridad es llamar a los servicios de emergencia sin esperar a que el dolor ceda, instalar a la persona en reposo en posición semisentada y no darle nada de comer ni de beber. El regulador médico se encarga del resto y puede enviar un equipo capaz de desobstruir la arteria rápidamente.
Ante un paro cardiaco, la secuencia cambia: hay que llamar a los servicios de emergencia, iniciar de inmediato el masaje cardiaco presionando fuerte y rápido en el centro del pecho, y pedir a otro testigo que vaya a buscar un desfibrilador cercano. Cada minuto sin desfibrilación reduce las probabilidades de supervivencia en torno a un 10 %, lo que hace determinante alternar entre el masaje y la colocación de los electrodos.
El desfibrilador: útil en un caso, inútil en el otro
Un desfibrilador externo automatizado (DEA) analiza el ritmo cardiaco y solo administra una descarga si detecta una fibrilación ventricular o una taquicardia ventricular sin pulso, los ritmos típicos del paro cardiaco. Colocado sobre una persona que sufre un infarto pero está consciente y con pulso, el aparato no tendrá ningún motivo para descargar: por eso nunca sustituye a la llamada a los servicios de emergencia ante un infarto en curso.
En cambio, en cuanto una persona se desploma, pierde el conocimiento y deja de respirar con normalidad, el desfibrilador debe traerse sin demora, aunque no se conozca el origen exacto del malestar. El aparato guía cada paso por voz y verifica por sí mismo si procede la descarga, lo que permite que un testigo sin formación pueda usarlo sin riesgo de agravar la situación.
Prepararse colectivamente para ambas urgencias
En los lugares que reciben público, la mejor respuesta combina formación y equipamiento accesible: empleados o voluntarios capaces de reconocer los signos, un número de emergencia visible con claridad y un desfibrilador señalizado y accesible en todo momento. Esta preparación no sustituye a los servicios de emergencia profesionales, pero reduce el tiempo antes de los primeros gestos, el que más pesa en el pronóstico.
Formar regularmente al personal en los gestos que salvan, comprobar que el desfibrilador sigue operativo y recordar los números de emergencia en los espacios comunes son medidas sencillas que permiten ganar un tiempo precioso, ya se trate de un infarto que se agrava o de un paro cardiaco súbito.
Preguntas frecuentes
¿Se puede confundir un infarto con un ataque de ansiedad?
Sí, un ataque de ansiedad puede provocar opresión en el pecho, palpitaciones y dificultad para respirar que se parecen a los primeros signos de un infarto. La diferencia suele estar en la duración y la intensidad: un dolor torácico que persiste más de unos minutos, que irradia hacia el brazo o la mandíbula, o que se acompaña de sudor frío, siempre debe llevar a llamar a los servicios de emergencia por precaución.
¿Puede haber un infarto sin dolor en el pecho?
Sí, algunas personas, en particular mujeres, diabéticos o personas mayores, sienten sobre todo fatiga inusual, falta de aire, náuseas o dolor localizado en la espalda o la mandíbula, sin una opresión clara en el pecho. Estas formas atípicas a veces retrasan la llamada a los servicios de emergencia, aunque la atención rápida sigue siendo igual de decisiva.
¿Hay que usar el desfibrilador si se duda del origen del malestar?
Sí, en cuanto la persona está inconsciente y no respira con normalidad, hay que colocar el desfibrilador sin esperar a conocer la causa exacta del malestar. El aparato analiza por sí mismo el ritmo cardiaco y solo administra una descarga si esta se justifica, lo que hace que su uso sea seguro incluso en caso de incertidumbre.
¿Cuánto tiempo hay para actuar ante un infarto?
Cuanto más rápida sea la atención, más limitadas quedarán las lesiones del músculo cardiaco, siendo lo ideal intervenir dentro de las dos horas siguientes a los primeros síntomas. Este plazo, sin embargo, nunca debe servir de excusa para esperar: cada minuto cuenta y la llamada a los servicios de emergencia debe hacerse desde los primeros signos.
¿Tiene sentido el masaje cardiaco en un infarto sin paro cardiaco?
No, mientras la persona respire y conserve el pulso, el masaje cardiaco no está indicado e incluso podría ser peligroso. Solo se vuelve necesario si la persona pierde el conocimiento y deja de respirar con normalidad, señal de que el infarto ha derivado en un paro cardiaco.
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